Con
perforadoras se van realizando huecos sobre el suelo para
posteriores voladuras. En los huecos realizados, se colocan
explosivos y se hacen explotar de forma controlada las rocas para
conseguir lo que se llama todo-uno: rocas con una longitud
máxima de 800 milímetros que es el tamaño óptimo
para entrar en
el triturador primario.
Si
en la voladura quedan trozos de rocas de dimensiones mayores a
800 milímetros, se apartan y se vuelven a explosionar hasta conseguir
un tamaño óptimo para entrar en el triturador primario.