PRINCIPAL
El mosto, como el zumo de cualquier fruta, es un líquido dulce ya que lleva azúcares. Las levaduras presentes en la piel de la uva provocan la fermentación de los azúcares, transformándolos en
alcohol.
Durante la fermentación que -a su ritmo natural, durará 3 o 4 días- el mosto 'cuece'. Además del calor que genera, la fermentación produce dióxido de carbono -CO2- que hace borbotear el mosto.
Este dióxido de carbono -el 'vaho', como es conocido en la zona-, es más denso que el aire, por lo que se acumulará en las zonas más bajas de las bodegas.
Provoca la asfixia de las personas que entren en estas zonas llenas de dióxido de
carbono: al haber desplazado el oxígeno por ser más denso que el aire, impedirá que
el accidentado pueda respirar. De los riesgos de accidente laboral presentes en las
bodegas éste es el más grave.